Antes de comenzar mi diario quiero agradeceros, de corazón, las visitas y comentarios que me habéis puesto, de verdad que me han hecho mucha ilusión. Gracias.
Cierro los ojos y abrazo la oscuridad. Mi barca navega sola, sin timón, guiada sola por el suave vaivén de las olas, y dejo mis pensamientos coger un rumbo a su antojo...
Todo el mundo tenemos algo en particular y mucho en común... Nacer no pedimos, vivir no sabemos y morir no queremos. Y en toda persona existe el instante mágico, ese momento en el que no te importa que tu balsa se llene de agua, tu alma vaya al infierno o tu mente pierda la cordura... (no es el intante que estáis pensando, mal pensaos). Los grandes rotos en mi balsa me lo han hecho las sirenas y la primera fue la sirena del vestido rojo, a ella le debo una parte de mi ser y una frase que nunca se me habrá de olvidar. A Chelsea Sage la conoci una noche de copas en una gran ciudad. Ella vestía un largo vestido rojo con amplio escote, de esos que te hacen despistar y provocar una catástrofe (soy un tío de lo más corriente).
Me la presentó una camarera llamada Miah, que actualmente vive en Tucson, y desde el primer momento que comenzamos a charlar, no pude desviar la mirada de sus enormes ojos verdes.
Perdí la noción del tiempo, creo que estuvimos hablando horas, lo supe cuando mis compañeros de copas se despidieron de mí todo borrachos. Miré el reloj, eran más de las 06:am.Cierro los ojos y abrazo la oscuridad. Mi barca navega sola, sin timón, guiada sola por el suave vaivén de las olas, y dejo mis pensamientos coger un rumbo a su antojo...
Todo el mundo tenemos algo en particular y mucho en común... Nacer no pedimos, vivir no sabemos y morir no queremos. Y en toda persona existe el instante mágico, ese momento en el que no te importa que tu balsa se llene de agua, tu alma vaya al infierno o tu mente pierda la cordura... (no es el intante que estáis pensando, mal pensaos).
Me la presentó una camarera llamada Miah, que actualmente vive en Tucson, y desde el primer momento que comenzamos a charlar, no pude desviar la mirada de sus enormes ojos verdes.
Ella me pidió el número de teléfono, y yo me fui con el recuerdo de una bonita conversación, dos besos en la mejilla y escuchando una cancion triste con letra de no volver a verla.
No fué así. A los dos días recibí un mensaje, y cuando lo leí, le contesté y volvimos a quedar, sentí como las tablas de mi barca, se comenzaron a resquebrajar.
Te das cuenta que caminas hacia lo desconocido, y comprendes que no hay marcha atrás. Es la realidad, la puta realidad la que te dice que por tu silencio serás siempre un maldito.
Cuando la besé por primera vez, supe que, para bien uno acompañará a esa persona toda la vida. Es el momento mágico donde tienes la certeza que tu recuerdo no se enterrara con tu cuerpo inerte, que ese instante permanecerá...que no te importa que la barca se hunda y lleve tus huesos a la mar...
me parece una historia tan bonita....lo que mas me gusta es que parece como si no conociera a la persona , como si descubriera a un personaje nuevo y entrañable...quizás alejado de la realidad o de lo que nos permite ver... Excelente
ResponderEliminarSin duda, las personas que aparecen en tu vida sin más, son las que te marcan de por vida....
ResponderEliminarDeseando leer la 2· parte...
Igual que Arwen tengo ganas de leer la segunda parte. Y te diré que el momento ese en "el que no te importa que tu alma se vaya al infierno" en el que pensé, es el momento en el que dos miradas se encuentran y se quedan atrapadas la una en la otra y ninguna mirada tiene la más mínima intención de escapar de la otra. Sé que en ese momento el mundo deja de tener importancia alguna y sólo importa la otra persona y esa mirada.
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