El océano me acaricia y dejo presuroso volar mis recuerdos. Como si a los molinos de viento me dirigiera invertí mi reloj de arena y me llevó muy lejos.
Era yo pequeño...
Todos mis abuelos murieron jóvenes y no los conocí.
Para hablar de mis primeros años tengo que hacer referencia obligada a un hombre de avanzada edad, Benjamín Fernández.
Benjamín era un anciano, antiguo criado de mi casa, que por no tener familia ni hogar se quedó a vivir en casa de mis padres como uno más de la familia. Así se convirtió en mi abuelo. También tengo que decir que los criados en mi casa eran herencia de una mejor época pasada, que no fué la que a mí, me tocó vivir.
Benjamín me asignó una paga mensual de 1000 pesetas, paga que mantuvo hasta que terminé el instituto, sin sufrir ninguna variación por la inflacción, pero tampoco ningún mes dejé de percibir hasta el mismo año en que murió.
De él aprendí como era la vida a principios del siglo XX, muchas historias de la guerra civil, otras tantas de cuando combatió en Rusia con la División Azul, los dificiles años de la posguerra...
Con él desfilé por el pasillo de mi casa con una escoba mientras me marcaba el paso... ¡IZQUIERDA! ¡IZQUIERDA! ¡IZQUIERDA, DERECHA, IZQUIERDA!.
El me contó tantas aventuras que en mi fantasiosa cabeza hacía que me sintiese como el capitán sobre el "Pequod" intentando dar caza a la enorme ballena blanca, o el pequeño Jim, que escuchaba en la hostería del "Almirante Benbow" viejos relatos del pirata Billy Bones.
Benjamín me enseñó a escuchar. Me enseñó a respetar a los ancianos, de los que tenemos mucho que aprender, de los que tienen mucho que contar y que nuestra veloz sociedad no nos deja siquiera cuidar como es nuestra obligación.
Preso de un extraño malestar, voltee el reloj de arena...
Vuelvo. Calma en el océano.
En mi cabeza, permití que mis pensamientos navegaran por el agua desierta,como si de frágiles canoas se trataran, mientras mi cuerpo, tumbado en cubierta, ignoró el agitado y feroz paso del tiempo...
Cuanta admiracion siento, por esas personas, que dan amor, sin obligacion.
ResponderEliminarSiempre, de alguien aprendemos, y sera de ellos, nuestros mas nostalgicos recuerdos...
Benjamin, era tu abuelo...Tu abuelo guerrillero...Ayyyy...ya se de donde sacaste, ese ardor...
PD: mañana echare de menos la hora señalada...
También yo...
EliminarHoy es jueves lardero, qué pasa mañana?
ResponderEliminarMañana es la hora señalada, cuando habla la boca y calla la espada...
EliminarToda la jornada?
ResponderEliminarhasta que se cierren tus ojos y sientas una cuchillada...Mo. ME HA GUSTADO LA ABREVIACIÓN DE TU NOMBRE.Mo
EliminarBixi siempre me ha llamado así.
ResponderEliminarEstimada Buzz, tú eres el legado de su memoria, recordándonos todo lo que vivió, y así tus descendientes, esa verdad que no debe desaparecer nunca de nuestras vidas, aunque no se encuentren entre nosotros, no por ello se le olvida. Como bien dice nuestra sagrada oración: “En Tu palabra confiamos, con la certeza que Tú ya le has devuelto a la vida, ya le has llevado a la luz”
ResponderEliminarUn abrazo y que los viernes perduren a lo largo de vuestras vidas.
Un saludo Mikael, tus comentarios son siempre bienvenidos en éste navío y cuando coincido contigo en otro destino, a veces, tambíén me río. Un abrazo
EliminarAy, nuestros abuelos!!
ResponderEliminarA mí también me gusta recordarlos!!
A veces me arrepiento de no haber "exprimido" su compañía un poco más.
Un saludo, buzz